Tuesday, May 01, 2012

JUAN VILLAQUIRÁN PÁEZ, ARRIERO POETA

Juan Medina Figueredo


Poetas del Decir en el Liceo Pedro Gual: Leonardo Alezones, Enrique Mujica, José Carlos De Nóbrega, Luis Alberto Angulo y -en especial- DON JUAN VILLAQUIRÁN PÁEZ.


Juan Villaquirán Páez nació con el siglo XX, un 18 de marzo, entre la ventolera del verano, bajo las enramadas florecidas de los araguaneyes, apamates, bucares, guamos y cafetales, en Cerro Azul, de la hacienda Las Carpas, cerca de Nirgua, su picacho y los jiraharas, hacia 1912 ó 1914 ( “ eso nunca se sabe”), en medio de los montes y montañas, siempre verdes, de María Lionza y Yaracuy; se abrió al mundo con un primer vagido, vibrante con el eco de las guaruras, cachos, gritos y romances de vaqueros, labradores y guerrilleros, de sus señores abuelos y abuelas, padres, tíos y hermanos, fusilados, presos piqueteros de carreteras, prisioneros en el castillo de Puerto Cabello, bajo la dictadura del ladino, taimado, traidor, cuatrero, terrófago y bárbaro dictador Juan Vicente Gómez. En una de esas vueltas, fugas, huidas, alzamientos y andanzas, fue “salvado de las aguas”, como Moisés; era apenas un recién nacido y cayó en un río, caño o quebrada, que en los llanos de antes, en invierno, era como decir lo mismo. ¿Qué se podía esperar de él, sino que siguiera la tradición insurgente, también poética, de sus antepasados?



Fue arriero, al frente de una recua, por caminos reales, trochas y picas; se asentó en Macapo, de Cojedes, donde había sido hecho prisionero por el General José Laurencio Silva y pasó amarrado el General Páez; allí se enamoró de Helena, cautivo bajo la luz de Selene y rompió los muros de piedra de la segregación de los pobres y la endogamia de los ricos, que en esa época, en la mayoría de los casos, en nuestro pueblos, no lo eran tanto; sembró familia en Macapo, La Aguadita y en Tinaquillo, como peces entre los caños y ríos innumerables que rodean este último pueblo, despertado por el mugido de la vacada, entre el polvero que dejaba su paso por la calle real, dormido bajo las leyendas merodeantes del “Mocho Hernández”.



A Juan Villaquirán Páez, de muy lejos le venían los Villaquirán y Páez y se le revolvieron en un grito de guerra, al conocer la noticia de la muerte del tirano Gómez; con las escopetas, machetes, revólveres, caballos y sogas, que pudieron juntar, él y un grupo de vecinos se dirigieron a tomar la gobernación y derribar los barrotes de la comandancia de policía de San Carlos y cumplido su propósito, se dirigieron, con las mismas levantiscas intenciones, hacia Valencia.



En esta última ciudad, cumplió múltiples oficios de pobre, entre ellos el de pintor de brocha gorda y casas, con pintura artesanal (de arcilla y carburo), como lo hicieran los también poetas e inseparables amigos Vicente Gerbasi, Otto de Sola y Luis Felipe Herrera Vial, en ese misma localidad, de tradicionales historias orales, que recogiera para sus cuentos y novelas José Rafael Pocaterra.



En Tinaquillo, Juan Villaquirán Páez levantó próspera bodega, se hizo de camión y quincalla, para recorrer, como ambulante mercader, carreteras, pueblos y ciudades de Venezuela. En la resistencia clandestina contra la dictadura del Coronel de academia, Marcos Pérez Jiménez, convertido en General por sus áulicos, rodeado por la corte de intelectuales de tradición positivista y gomecista, resguardado y celado por el implacable y sanguinario cancerbero Pedro Estrada, el viejo arriero, ahora de camioncito, entre la mercancía transportaba la propaganda subversiva.



Llegaron los sesenta con su juventud rebelde y se alineó con la izquierda, sufriendo allanamientos y detenciones. En su camioncito montó a Helena y a toda su tropa de hijos e hijas, subió los páramos de “ la loca Luz Caraballo”, descendió por las torrenteras del Chama y en la mesa de Mérida, bajo el vuelo de las siete águilas blancas de don Tulio Febres Cordero y los bramidos del Albarregas, apuntaló piedra sillar y hogar; los aleros de la Universidad fundada por Fray Ramos de Lora le ofrecieron la amistad de poetas, artistas, cultores, artesanos, líderes universitarios y fue entonces, a los setenta y dos años, que se descubrió poeta, para cantar a Helena, a los insurrectos, a su nostalgia y a su vida cotidiana. Ricaurte Leonet, Hugo Ávila, Perucho Rincón Gutiérrez, Silvio Villegas y otros que no alcanzo, fueron grandes amigos suyos.



Le conocí en Valencia, gracias a dos de sus hijas, Aminta Villaquirán y la poeta Gloria Villaquirán, en su hogar de El Naranjal, bajo el frío y la brisa del cerro El Cafetal, de Naguanagua. Llegaba yo allí, tocaba y gritaba desde la calle, detrás del enrejado de su casa y salía un inmenso perro, ladrando con furia, saltando, aferrándose a las rejas con sus patas delanteras y abriendo sus fauces infernales; más atrás salía Don Juan, a sus noventa y cinco años de edad, dobladito y curvadito al caminar, llamando a la calma, con órdenes imperiosas, a su perro, le tomaba de la cadena, lo amarraba y después me abría la puerta del enrejado. Leíamos algunos de sus poemas, los comentaba y luego le transmitía Okiyome ( práctica de imposición de la mano, conocida como Arte de Mahikari), con lo cual se entredormía; pasado un breve tiempo, lo despertaba, me decía que eso era efectivo, que él siempre había creído en Dios y en la existencia del mundo espiritual y nos despedíamos. La mirada de Helena, desde su silla de ruedas, lo había abandonado un día, al llegar a Mérida, en viaje desde Valencia, en compañía de su hija Aminta. Pero, ella deambulaba por las habitaciones, sobre todo a la medianoche y en las madrugadas, lo despertaba y él le decía, ¡Helena, déjame dormir!.



Don Juan, finalmente, a pesar de sus recelos por el último viaje a Mérida, en descenso al Hades, de su eterna e inolvidable Helena, aceptó regresar a esta fría y bella ciudad, para vivir en la casa colonial y moderna, construida por Ricaurte Leonet, en sus experimentos con la arquitectura de barro, en la cual viven sus hijos Aminta y Juancho Villaquirán. Cesaron entonces mis visitas al arriero poeta Juan Villaquirán Páez. Hasta que el sábado 28 de abril de 2012, mi esposa me comunicó el deceso del viejo que se descubrió poeta a los setenta y dos años, pero que, en verdad, lo había sido desde antes, con los gritos, cantos y coplas de los arrieros, por trochas, picas y caminos reales, en la trashumancia, por entre las sequías del verano y los aguasales y crecientes del invierno, de la Silva Criolla, de Lazo Martí y la semblanza y crónica de este poeta y sus estaciones, escrita por Alberto Arvelo Torrealba. Con Juan Villaquirán Páez se despide el siglo XX, todo un siglo, en la alborada bolivariana y chavista ( como lo fue Don Juan), de este siglo XXI.





PARA LEER JUNTO A LAS CENIZAS DE DON JUAN, ALGUNOS DE SUS POEMAS


PARA LEER JUNTO A LAS CENIZAS DE DON JUAN, ALGUNOS DE SUS POEMAS
Selección de Juan Medina Figueredo

Este es un homenaje a Don Juan Villaquirán Páez (1912 ó 1914-2012), poeta fantásstico quien nos acaba de abandonar este sábado 28 de abril. Nos hizo llegar esta colección poética mínima el poeta Juan Medina Figueredo.



De EXTRAÑO Y SIN NOMBRE (1992)


Para qué hacer inventario
si tenemos la piel arrugada
y los pies cansados.

A los ochenta
no se pueden inventar ideas
para días lejanos.

A los ochenta
somos la sombra de un pasado
sin un camino para volver.



Ignoro mi historia
¿de dónde vengo?
tal vez de las sombras
de más allá de la noche
donde la luz se pierde.

Mi bisabuelo
pudo haber sido un poeta
un bohemio
que vivía en las tabernas.

Un conquistador
que mataba aborígenes
para robarles sus tierras.
Traficante de negros.

O uno de aquellos
que se fueron con Boves
a quemar ciudades
y degollar los pueblos.

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Macapo
cómo sería tu selva
tu caudaloso río
cuando el español
invadió tu tierra?

Por qué se marchó
el murmullo
la risa
y el canto
con tus aguas.

Hoy no hay aborigen.

Los descendientes
de nuestros antepasados
destruyeron tus bosques
secaron tu río
envenenan el aire
y te matan de sed.


De VIAJERA INFINITA ( 2005)

En otro tiempo
me pedías la luna
la arena, los peces
del río de mi infancia.

Tu encanto
sol de la aldea
perfume azul
en la primavera
de tus veinte años.

Yo escribiendo poemas
me quedaba dormido
en las hojas secas
del viejo samán.


De ECO DEL SILENCIO ( 2006)


Mi Macapo viejo
(poema para cantar)

Mi Macapo viejo
cómo te recuerdo
en donde dejé
tanta gente buena ( bis)
Tus pequeñas calles
cubiertas de piedra
no puedo olvidar
te llevo en mi mente

La placita Lima
la capilla al frente
mi Macapo viejo
cómo te recuerdo

Tu pequeño río
regazo de ensueño
de aguas cristalinas
cantando poemas (bis)

Como un centinela
está el palmarejo
sin perder de vista
el valle macapero

Vives en mi mente
añoro aquel tiempo
mi Macapo viejo
cómo te recuerdo

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Prendí una vela
puse flores
en la tumba de mi padre
porque él se fue
con las manos vacías
en paz con los hombres

En aquel instante
lo miro ante mí
sentado en su silla
fumando un cigarro


Mi padre
escribió un poema
con tantas palabras
que no cabían
en el cuaderno

Inconforme me dice
búscate el reloj
para medir
el tiempo perdido

Luego dijo
que tonto soy
tiró el lápiz
sobre el papel


Cerro azul

Nací en estas montañas
entre la neblina
la soledad del campo
en una casa
con olor a selva
cuando los guamos
los cafetales visten de blanco
sus ramas en flor

El frío
el tin tin
la gota del agua
en noche de lluvia
las empinadas cuestas
la quebrada
el ruido del agua
por la pendiente
el grito desesperado
del animal
que atrapó la muerte

Son el tatuaje
que deja mi infancia
grabado en mi alma

Como un relámpago
cruza por mi mente
la sombra del pasado
siento nostalgia
quiero volver

Monday, April 30, 2012

El pasado sábado 28 de abril de 2012 en Valera
Elegida nueva directiva de la
Red Nacional de Escritores de Venezuela

Texto: Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela. Foto de Xiomara Ortega


El pasado 28 de Abril de 2012, la ciudad de Valera fue escenario de la Asamblea extraordinaria de la Red Nacional de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela, la cual eligió a la nueva junta directiva que durante dos años coordinará los diferentes programas que establece el organigrama vigente de esa fundación. La Asamblea estuvo integrada por delegados de 20 estados del país, directivos fundadores y la directiva saliente.

El Programa de Organización y estructura quedó bajo la responsabilidad de Héctor López, quedando como suplente suyo el poeta margariteño Luis Emilio Romero.

Para el Programa de Integración de las artes, las letras y colectivos culturales, resultó electo como coordinador el filósofo Nelson Guzmán y a Renny Loyo como suplente.
De similar forma, el Programa Red de escritores y escritoras de la Alba está a cargo del escritor Federico Ruiz Tirado como principal y de Frank López como suplente.

Mientras que en el Programa de Promoción de lectura, creación y formación estará coordinado por Pedro Salima, siendo suplente David Figueroa-Figueroa.

El programa Editorial estará bajo la coordinación de Luis Alberto Angulo, siendo suplente de tal espacio cultural, Ángel Malavé. Del ámbito de certámenes, bienales y eventos se responsabiliza Pedro Ruiz y Hermes Vargas como suplente.

El Programa de Seguridad social del escritor y la escritora tiene como coordinadora principal a Esmeralda Torres y a Zuleima Zamora en calidad de suplente.


También fue designado Luis Ernesto Gómez como Coordinador Ejecutivo, quien venía desempeñando funciones como encargado desde Noviembre de 2011.

Miguel Márquez como directivo saliente del Programa Editorial, describió parte de los logros realizados por la Red Nacional de Escritores y Escritoras, en los siete programas de acción de la organización. Destacó la edición del libro Un día para siempre: 33 ensayos sobre el 4F, compilación de la Red Nacional de Escritores y Escritoras de Venezuela realizado con el apoyo de Federico Ruiz Tirado, la página web recién diseñada www.reddeescritoresdevenezuela.org.ve.

También fue expuesta por Antonio Trujillo, una breve disertación sobre la Revista Nacional de Cultura, así como también fue descrito por Luis Alberto Crespo, el aporte de la Red de Escritores en los procedimientos de poetas seleccionados para participar en el Festival Mundial de Poesía de 2012 en cada una de las regiones de Venezuela.

 
Destaca el arduo y transparente trabajo realizado por Vanessa Márquez, Fanny Liendo y Beatriz Rondón quienes fueron las responsables de la comisión electoral nombrada por la misma asamblea antes de la elección.

Monday, April 23, 2012

EL NARCOCORRIDO O DE LO POLÍTICAMENTE INCORRECTO. José Carlos De Nóbrega

Salmos Compulsivos
 EL NARCOCORRIDO O DE LO POLÍTICAMENTE INCORRECTO
 José Carlos De Nóbrega

 (…) Al héroe siempre le tocan faenas sucias. Pero no inventes un sesgo donde no lo hay: los corridos prohibidos son una transmutación artística, un producto simbólico del inconsciente colectivo y eso no lo puede cambiar ni Don Alirio ni las síster. Carlos Valbuena: El Cartel de los Corridos Prohibidos.

 Me he topado con esta curiosidad sociológica y musical, llámese narcocorrido o corrido prohibido, de manera muy curiosa y accidental: un amigo me había referido su asombro cuando su juego de tejo era musicalizado por este canto épico postmoderno, mixtura de los corridos villistas y zapatistas, el romancero español de cordel y la apología a los grandes capos de la droga. A raíz de este comentario, comisioné a mi compadre para que me trajera de Colombia un CD contentivo de dicho género musical –de contrabando, por supuesto-. El volumen 2 de Corridos Prohibidos satisfizo mis expectativas con un dejo de morbo y picardía: son memorables las canciones Cruz de Marihuana, Contrabando en los huevos, Sigo torcido y El Cura, las cuales bordean el ars poética, la crónica policial y la picaresca típica de los bajos fondos. Se nos antoja la revancha del pardaje que estremece los miedos atávicos de la godarria y la burguesía: trátese de los campesinos que se resisten a la sustitución de cultivos y a la fumigación indiscriminada de su conuco cocalero (Hoy soy un coquero, / rebusco dinero / pa’darle a mis hijos / techo y de comer. // Que Dios me perdone / si soy ignorante, / las rachas del hambre / ya las derroté. Por qué soy coquero de Ovidio Herrera); la arrogancia sin par de los capos que escarnece y pone al descubierto el doble discurso y los buenos modales de la oligarquía; o, libidinosamente aún las tetas hinchadas de las guarichas que pretenden tomar por asalto un Paraíso dolarizado e hiperbólico. Una última apelación al anecdotario: Mi aproximación ensayística a Los Días Mayores –ese fantástico volumen de cuentos de Orlando Chirinos-, amén del epígrafe alusivo a un fragmento de Cruz de Marihuana, me permitió contactar a su compositor, Don José Alberto Sepúlveda, alias El Antifaz Negro y alias Beto El Vagabundo, un peculiar juglar progresista que sobrevive a la sombra del vasto Cancionero Latinoamericano. Es sin duda la manifestación inequívoca de lo popular que se afinca en la vida misma. El discurso diabólico comprende lo mítico, lo políticamente incorrecto e incluso el despropósito de los discursos autorizados, provengan de la institucionalidad religiosa, política y cultural. En este caso, el corrido prohibido es una respuesta política y propagandística al imperio mediático que nos envilece, aterroriza y castra en función de mezquinos intereses de clase. No es casual que vaya a la par de la literatura y la cinematografía. Tenemos por ejemplo el texto narrativo mismo y la adaptación cinematográfica de La Virgen de los Sicarios de Fernando Vallejo, Ciudad de Dios de Paulo Lins y Rosario Tijeras de Jorge Franco, además de la trilogía fílmica integrada por Sicario, Huelepega, El Don de los Novoa y la miniserie Sin tetas no hay paraíso. No en balde su carácter marginal, esta revisita al discurso diabólico por intoxicación estupefaciente ha obtenido un éxito comercial rotundo (de nuevo la cultura underground se infiltra en la impiedad del mercado, hasta el punto de su cosificación al igual que el icono del Che Guevara, la lata de sopa de Warhol y las camisas bacterianas que simulan lo psicodélico). Bien nos lo ilustra Carlos Valbuena, el teórico de la música de contrabando –recordemos que nuestros próceres bebieron del veneno del Enciclopedismo Francés introducido en el continente por los caminos verdes-: Esto era la historia contada por el bando de la contra, de los que se colocan al margen de la Ley y de los que la Ley ha marginado. Un discurso de rebeldía, de identidad, de un grupo que disputa al gobierno y sus instituciones la exclusividad en el ejercicio de la violencia en seguimiento de sus propias leyes. La violencia, por supuesto, se justifica en la disputa por el botín económico: Involucra a los banqueros, los militares, la insurgencia, la contrainsurgencia que aduce la autodefensa propia y los narcotraficantes; bandos que recogen y desparraman alianzas y balazos en la configuración de un abstruso discurso de Poder.

Friday, April 06, 2012

EL PASO DE LOS ANDES SEGÚN MIGUEL ANGULO. José Carlos De Nóbrega



EL PASO DE LOS ANDES SEGÚN MIGUEL ANGULO
José Carlos De Nóbrega


Durante mucho tiempo la cámara nos ha traído noticias de chiflados y parias, sus miserias y sus peculiaridades. Nos ha mostrado la trivialidad de lo anormal. Nos ha convertido a todos en mirones. Susan Sontag.

Hemos tenido acceso a la fotografía de Miguel Alberto Angulo Oliveros, a través de los museos de papel que son las revistas literarias y culturales: especialmente, los casos de Redve (2005) y Zona Tórrida (2010 y 2011). Observamos un ejercicio personal de dos géneros fotográficos: el retrato y el paisaje, los cuales se integran en una propuesta estética que colinda con la literatura de aventuras y la crónica de viajes. La composición, independientemente del plano general o el plano detalle, dispara una mirada asombrosa y lúdica del hombre, la flora, la fauna y el entorno natural. Esta actitud dialógica, divorciada del reporterismo gráfico convencional, se traduce vivaz y cuestionadota en estos versos de Freddy Ñáñez: Qué buscaba el diafragnma / en esa puerta abierta / en esa silla sin jinete // A quién apunta / ese primer plano // (…) // Qué hace aquí ese retrato sin nosotros / Con quién posa la resolana / Por qué tanta belleza / despoblada. Por ejemplo, un escalador se extravía o mimetiza en la pared gris del risco; o la mirada apenas sobresale del río rumoroso, ambos amparados por el cielo vegetal. ¿Qué decir de la araña que nos obstruye el acceso a esa montaña de concreto, vidrio y tabiquería? En resumidas cuentas, el trabajo fotográfico de Miguel Alberto es un homenaje permanente a la luz y a la transparencia, más allá de la anécdota ecologizante y políticamente correcta.

4000 metros constituye una muestra que se detiene con suma atención en los páramos colombo-venezolanos. Si bien la figura humana está ausente –no cuenta acá la épica egótica del escalador-, la consideración del paisaje descansa en el estado de gracia que nos provoca su mirada, eso sí, desprovista de la lagaña urbana. Las 18 fotografías no conforman un portafolio turístico-exótico, por el contrario, se nos antoja un ascenso místico de la sensibilidad: Cuanto más alto se sube, / tanto menos se entendía, / que es la tenebrosa nube, / que a la noche esclarecía; / por eso quien la sabía / queda siempre no sabiendo, / toda ciencia trascendiendo. Miguel Angulo no necesita untarle manteca efectista al lente, para redactar sin retórica hueca su aproximación particular y aventurera del oficio fotográfico.

Respecto al problema de la distancia ideal entre el fotógrafo y el objeto, nos dice Raúl Beceyro: Cada imagen establece sus propias reglas de juego (incluso determinando la distancia entre el objetivo y el personaje), normas que sólo sirven para ella. Cada fotógrafo, en cada imagen, resuelve el problema de la distancia al objeto casi como si ese problema se planteara por primera y al mismo tiempo por única vez. En este caso, Angulo se sirve de planos generales y medios enriquecidos por la multiplicidad de los puntos de vista: prevalecen las tomas cenitales, a ras del rocoso peldaño (si así puede decirse) y en pleno ascenso (las nevadas cumbres reducen el ego alpinista a su más discreta expresión). Permítasenos una extrapolación histórica: Simón Bolívar desarrolla el Paso de los Andes fundiéndose en la masa soldadesca, previo a la Batalla de Boyacá. Se anula entonces la distancia entre el ojo –siempre hambriento- y la magnífica hermosura del paisaje, prescindiendo de los arrebatos románticos y los remilgos del “yo”. Nos lanzamos un clavado –onírico y no suicida- hacia la laguna glaciar en un afán glotón: azul y esmeralda que embargan benéfica y plácidamente los sentidos. En su Responso a la vieja pulpería nacional, nos cuenta Briceño Iragorry: La base de la dieta del peón trujillano fue la curbina del Lago, conservada al sol y a la sal. Así el pueblo, sin necesidad de caer en los peligrosos alfabetos de la industria vitamínica, tomaba su buena ración de rayos solares al natural. La luz del páramo andino, patente en toda la exposición, fue un aliño fundamental del “pescado blanco” que se despachaba en las pulperías trujillanas a principios del siglo XX. En este instante, como bien lo canta Ramón Palomares, el compañero Sol (convertido en gallo salvaje) nos hace un llamado que no podemos rechazar: Mi amigo que has venido de tan abajo / vamos a beber / y cayó dulce del cielo, cayó leche hasta la boca del sol.

La perspectiva o la puesta dialógica en escena, según Roland Barthes, posibilita la esencia paradójica de la fotografía: la que hace de un objeto inerte un lenguaje y transforma la incultura de un arte “mecánico” (digital, de esta era postindustrial), en la más social de las instituciones. “4000 metros” no debería degustarse pasiva e idílicamente, tal como lo impone el soso discurso turístico de las páginas dominicales de diarios mercachifles; su fruición sinestésica conduce a la participación del espectador en una conversación poética con el paisaje. ¿Se puede decir que esta colección interioriza el paisaje andino? Sí, por supuesto, a la vera de las emociones que remueve una lectura desinhibida y placentera de las imágenes. El frailejón nos invita a asomarnos por la ventana mágica del encuadre: se rinde el verde valle –atravesado por un río azul- a la blancura invasiva de la cumbre. La luz transfigura la montaña en un día soleado: el amarillo terroso ata cielo despejado y tierra agradecida. La laguna y las piedras verdes abrevan en la bóveda celeste: (…) Empeño solitario: / USAR EL ESPEJO PARA ENCERRAR EL ÁGUILA ¡Oh! / rosa de tinieblas / parada en la imagen del sueño, declama Ana Enriqueta Terán con su voz inigualable.

La connotación que se desprende de esta propuesta fotográfica, excede los artificios técnicos, sin evadir el momento histórico: la captación y composición del paisaje se inscribe en la reivindicación poética de la comunidad de hombres libres, viable en la deconstrucción de la perorata desarrollista y depredadora de los señores del Dinero.

En Valencia de San Desiderio, jueves 15 de septiembre de 2011.

Monday, April 02, 2012

UNA TRÍADA NARRATIVA DE TANNIA GARCÍA



Les ofrecemos a nuestros lectores estas tres encantadoras estampas textuales de Tannia García que conjugan el arte de narrar con la poesía. Sí, la poesía que muerde gustosa la cáscara del mango maduro para deshilachar su generoso jugo amarillo. Nos atrapa la transparencia de la mirada amorosa de las cosas para componer un paisaje interiorizado e inmediato como en los versos de Enriqueta Arvelo Larriva: Ha hablado el viento una lengua extraordinaria. La mezcla diáfana de imágenes visuales, táctiles, olfativas y gustativas nos conmueven así no más, como si degústáramos un café tinto a la vera de la ensoñación seductora.


I
Carmen no se preocupaba cuando se perdía el morrocoy, yo lloraba y ella me decía eso no es un perro que lo llaman y viene. Mi abuela no usaba guantes como la señora de al lado, no usaba sombrero, ni medias de nylon. Mi abuela andaba descalza en la tierra húmeda llena de hojas de mango.
Ella usaba unas batolas grandotas y olía a Jean Naté, y sus batolas venían de Senegal, una tierra de leones y guerreros muy lejana, que para mí sólo existía en su boca.
Mi abuela tenía en sus ojos todos los cerros del mundo y pobló esta tierra de hijos buenos. Ella ahora tiene el cuerpo en otra parte, pero sigue aquí conmigo, en cada mata de mango, en cada noche clara y calurosa.

II
El hijo se fue a la guerra para no volver. Cuentan que mi abuela lo nombró el día de su muerte antes de saber la noticia de que había sucumbido ante la metralla y la explosión, en otras tierras que también eran de esa patria grande de sus ideales. Carmen llevaba aquel dolor en silencio dicen, como todo, siempre calladita, viendo al cielo y comiendo mango en la tarde. Yo no conocí a mi tío Hugo, pero siempre sentía algo extraño en el pecho cuando veía su retrato en la sala de la casa de Alayon.
El retrato de mi tío permanecía inmóvil en aquella casa, como registro material de su paso por esta tierra, y miraba hacia el patio con ojos fijos y profundos, como buscando a mi abuela entre las matas. Yo siempre le tuve miedo y admiración a aquella imagen, sobre todo porque de reojo tendía a confundirla con algún otro de mis tíos, como aquella vez en que la emoción de aprender a amarrarme los zapatos me encontró gritándole “¡tío! ¡tío!” al celaje de su foto en la pared. Mi tío Hugo no es un recuerdo propio, es una herencia, así como esa foto, como los ojos llorosos de mi papá cuando habla de él, como este cariño que le guardo, por haber estado allí, el día en que aprendí a amarrarme los zapatos.

III
A Bárbara no le quedaban las arepas redonditas, pero siempre cosía buenos ruedos y reparaba bien las camisas. Ella cocinaba de noche como las brujas, moviendo las ollas de aquí para allá y Félix Augusto se levantaba y le decía “Bárbara, son la una, vete a dormir”, pero ella no paraba porque quería dejar todo listo para las muchachas, no le fueran a hacer un reguero.
Todos nos levantábamos a las 5 de la mañana y la dejábamos dormir una hora más, porque sabíamos de su trasnocho y porque su jornada empezaba un poco más tarde. Salíamos de la casa y papá le daba un beso y ella no se daba cuenta, pero entre dormida y despierta nos advertía de algún desastre que habíamos hecho y limpia la mesa, apaga la hornilla, cuidado en la calle, cierra la puerta.

RAÍZ DE AMOR. Un cuento de Andrea Crespo Madrid



Raíz de Amor
Andrea Sofía Crespo Madrid


Les presentamos un cuento de la jovencísima Andrea Crespo Madrid. Compruébenlo en la estampa que acompaña a su texto. En este relato, fondo y forma se conjugan en una factura textual impecable. El insoslayable tema amoroso, no en balde un título que simula una novela sentimental, es interpretado en un tono afín a la narrativa gótica: la obsesión, el desamor y la compulsión apuñalan impíamente al personaje masculino y al lector, eso sí, en el marco de la mustia cotidianidad urbana, hecha prisión en el baño y el dormitorio. ¡Salud, afición lectora!

Un rasguño extenuado se aferraba a los viejos bloques de Gracia, dejando por sentado los inservibles y furiosos nudillos que constantemente impactaban contra el frío cemento; incluso llegó a pensar que raspando la mugre encontraría el alma de la mujer perdida entre suspiros. La búsqueda se había hecho eterna con el paso del tiempo, el cuero humedecido bajo el pantalón poseía la conquista en vano y la penúltima evidencia de una sonrisa que se había desvanecido hace veinticinco años y catorce días exactamente. Escondido entre sollozos había regresado a buscarla, aquel lugar donde juró haberla visto por última vez; sus rastros se hallaban en el recuerdo, y como condena para prisionero de sus encantos, no quiso volver a la celda. Su aliento helado ahogaba las palabras, su voz lo esquivaba y sus ojos se negaban a mirar lo que ya no estaba. Así, Hernando Villalobos se buscaba a sí mismo entre tantos, a pesar de saber que para encontrarse debía hallarla. Jamás llegó a pensar que ambos habían sido cómplices de la mentira, que sus juegos de amor se limitaban al cadáver exquisito de sus cuadernos y al trazo efímero que dibujó sobre su cuello con la lengua propia.
Delicadamente, sacó la fotografía del bolsillo y posó sus labios sobre el inmortalizado rostro, besando a la soledad. Sus pestañas marcaron los pasos del amor en el suelo y siguió con las yemas aquel trayecto nunca transitado por su amada. De a ratos podía observarla en el azúcar de una mordida de labio y presenciar el filo de sus lágrimas permanentes sobre su rostro, una a una, resonando sobre su garganta; finalmente deslizándose hacia el corazón metafísico. Gabriela era una lágrima perdida, de esas que frecuentemente se refugian en el cabello para no verlas jamás.
Pasaron los días y Hernando Villalobos se limitaba a llorarla en la ducha, como siempre, los puñales torturaban su espalda magullada cuando se atrevía a reposar la frente sobre la cerámica: estaba cansado de amarla tanto. Decidió entonces subir escaleras paradójicas hasta la azotea donde la soñó por tercera vez, expirando pensamientos dolorosos y permitiendo que volaran con el aire, finalmente alcanzando su destino. Trajo a sus manos la foto nuevamente y dudando miró por primera vez a una Gabriela de 7 años que no volvería jamás. De esta manera, soltó a su amada, dejándola libre para que le susurrara picardías a las estrellas; ya no le importaba ser el guardián de sus falsas reconquistas. Cualquier buen hombre sabe que para una mujer como ella, enamorarse cientos de veces de la misma persona, siendo un siglo de Hernandos distintos, podía matar a cualquiera.

ISRAEL CENTENO O DEL CERRO EL AVILA COMO TABERNÁCULO URBANO. José Carlos De Nóbrega



ISRAEL CENTENO O DEL CERRO EL ÁVILA COMO TABERNÁCULO URBANO.

José Carlos De Nóbrega


Ilustración de Cristóbal Ruiz titulada "Realidad platónica".


A Efrén Barazarte, extraviado en “Las sombras de lo verde”, así como en “La bienvenida de lo claro”.

Este es un ensayo publicado en mi más reciente libro "Salmos Compulsivos" (2011) editado por Ediciones Protagoni, c.a.. Para cualquier lector interesado en dicho volumen ensayístico, pueden contactarme a través de c_denobrega@hotmail.com para sus pedidos. Se les agradecerá su colaboración financiera infinitamente.

En Criaturas de la Noche (2000), Israel Centeno asume el cerro El Ávila como centro temático, espacial y atmosférico desde donde se configura una visión terrorista, paródica y poética de la ciudad de Caracas. Orlando Chirinos (2002) destaca la calidad intertextual sostenida a lo largo de los cuatro cuentos que integran el libro, justificándola de guisa afortunada:

Es “la atmósfera, que se hace placenta nutricia para suministrar un tono homogéneo a las narraciones (con las especificidades propias de cada una) y por el territorio-madre al que retornan los hechos continuamente y en el que la trama alcanza en cada caso su clímax: el Ávila, el cerro tutelar capitalino y sus inmediaciones” (p. 2).



No es de extrañar que la portada del libro sea reproducción del óleo sobre tela del pintor venezolano Manuel Cabré, titulado El Ávila desde Blandín (1937). El artista plástico ha asentado en la memoria iconográfica de los venezolanos el cerro El Ávila, abordado desde diversos puntos y perspectivas de la ciudad. Lo notable, además de la febril ansia paisajística, radica en su particularidad: El cerro es protagonista manteniéndose al fondo de la composición, lo cual supone audacia en la manipulación relativa del espacio en la aparente precariedad del soporte. Los detalles de su relieve alcanzan connotaciones hiperrealistas. Su presencia sobre la urbe es inevitable, acechante si se quiere. Rafael Autran, inmerso en su exilio, confiesa que “miro al Ávila y me quedo sumido en sus colinas violeta pensando en los cuadros de Cabré” (Israel Centeno, 2000, p. 19). Asimismo, Centeno nos lo ratifica en tanto tabernáculo en el que se sacrificarán víctimas propiciatorias, holocaustos que procuren redimir el averno caraqueño. El cordero se tiende en Los Platos del Diablo, amenizado el Aquelarre por el aullido y el crujir de dientes de perros y lobos amarillos revolcándose en la saliva, el pus y la sangre. Menos sorprendente aún, es la mezcla o yuxtaposición de la Caracas real, cruda y finisecular con el discurso fantástico que hace inmediata la voz de José Antonio Ramos Sucre, extemporánea como siempre, barroca y sobreadjetivada, preñada de fantasmagorías y escaleras en espiral que se sumergen en los sepulcros ennegrecidos de la palabra. La pertinencia de los epígrafes no descansa en un estéril ejercicio intelectual, sino en la inoculación de la atmósfera poética y fantástica en todos y cada uno de los relatos del volumen.



En el cuento que da título al libro, el discurso policial fundido en el Diario hermético de Rafael Autran, se extravía en la resolución de la misteriosa desaparición de los cuatro excursionistas druídicos en los pliegues verdes y ocres de El Ávila. El inspector Taborda se resiste inútilmente al curso fantástico de los hechos: se va empapando de la locura de Rafael Autran y sus acólitos, el proceso licantrópico se va enseñoreando de sus miembros engarrotados, de su unidimensional sagacidad mental, de su espíritu. La transformación en lobo sugiere un éxtasis místico, liberador, inefable, tal como lo describe San Juan de la Cruz en el Cántico Espiritual, si lo permite el balbuceo y la brillantez del discurso poético. El ascenso que conduce el alma a la embriaguez del amor místico, sólo es posible en el desajuste o desacoplamiento espacio-temporal: “Escucho, es el sonido del mundo, chifla cortante, susurra en la inmensidad, es el ulular del cosmos, el río de los elementos inasibles del universo, el ruido que fluye de la creación; de fondo, sorda, insiste la ciudad, terrena, infernal” (p. 41).



En El dios de Livia, ¿segundo cuento o episodio?, se percibe un remedo del estilo borgiano. El narrador protagonista asume la pérdida de su alma en el saber; la fuente intelectual y cosmopolita es la manifestación notoria de la misantropía del notable personaje. Hallado culpable de una serie de asesinatos rituales que no excluyen la brutalidad apuntalada en el estar más allá del bien y del mal, sufre la condena del exilio que lo mueve de Florencia, la casa de Saboya, a la quietud embustera de la Caracas de finales del siglo XIX. Adquirida la hacienda “en el abra de Caurimare”, nos confiesa sin tapujos su aclimatación al ámbito tropical: “Devasté los cafetos y quemé la tierra, la sembré de tubérculos y cebollas, corrompí a las autoridades para obtener el permiso a la quema sistemática, nada debía remitirme a una condición paradisíaca” (p. 47). El forzado exilio constituye entonces la contraparte del Paraíso Perdido, la abyección muta en una plegaria inversa a la deidad pagana de Livia, mujer del emperador Augusto.



El tercer relato, La casa, como bien lo manifestara el autor, se fundamenta en el tema del Doble. La atmósfera está signada, como en el resto del conjunto, por una Caracas nocturna alumbrada por el claro de luna que se despedaza contra El Ávila. El juego de múltiples espejos, impregna el paisaje y los personajes horadándolos con un polvillo de vidrios multicolores a la manera de las fachadas de los edificios construidos por albañiles italianos, no sólo en Caracas, sino también en otras ciudades como Valencia, Maracay y Barquisimeto. Se funden los testimonios del narrador y del alienado Luciano, empatía que traspasa la relación de amistad entre ambos. El confesor y el libro que es Luciano son víctimas de los efectos de la transferencia y la contratransferencia abordadas por la literatura psicoanalítica: al igual que Taborda y Rafael Autran, parecieran ser uno en la diversidad de cada quien. El discurso del enfermo convaleciente en el Psiquiátrico seduce al amigo que lo visita. Luciano fue envuelto por la belleza púber y disoluta de Claudia y su reflejo fantasmal en Hortensia; en una jornada orgiástica, el hombre fue devorado por las hambrientas ansias eróticas de las dos brujas, sobando sus vaginas contra el falo encebado, desdibujándose la realidad exterior en lo ilusorio como en muchos de los magníficos cuentos de Adolfo Bioy Casares.



Knoche, texto que cierra el libro, es una excelente recreación de la anécdota del científico alemán que practicaba la momificación aplicando las técnicas pretéritas del Egipto antiguo en su hogar de Galipán, a principios del siglo XX. Alfonzo y Alberto son absorbidos por el Conde Lepic, Nosferatu británico que se adueñará de sus posesiones en El Ávila (lo cual incluye el centro de momificación). Los Diarios de Alfonzo y Guillermina, convergentes en el amor y la añoranza, amén de las escandalosas noticias del periódico amarillista Miami Observator, simulan ser un libreto macabro del programa radial “Nuestro Insólito Universo” de Rafael Silva, narrado por el insoslayable don Porfirio Torres. Como se sugirió antes, la referencia cinematográfica es obvia: las versiones muda y sonora de Nosferatu realizadas respectivamente por los alemanes Murnau y Herzog, en épocas disímiles. No falta la orgía húmeda de semen, flujos vaginales y sangre característica de los relatos de vampiros de Bram Stoker y Ann Rice.



Es Caracas transfigurada por el discurso fantástico que nos propone una revisita poética, un fervoroso reencuentro pletórico de imágenes ígneas y metáforas maravilladas.

Tuesday, January 31, 2012

MANSO. Alejandro Cardozo Hernández. Nota de Luis Alberto Angulo


Les presentamos hoy un poema y una nota de Luis Alberto Angulo que tratan el reciente asesinato terrorista del perro "Dominó" en la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo. Evidentemente en nuestra universidad prevalece la fetidez del albañal antes que los silenciosos actos que nos reconcilian con la vida. Suponemos entonces que la próxima promoción de abogados honrará a Charles Manson: alguno de sus miembros lo liberará de la prisión para proponer a la U.C. el Doctorado Horroris Causa correspondiente (por supuesto, compartido por curas cabrones, periodistas misóginos y docentes terroristas). El administrador compulsivo de este blog.

Manso

Alejandro Cardozo Uzcátegui

Si no muerdes
te lanzarán de un tercer piso
manso animal
menearás la cola hasta la muerte
por eso ¡muerde rabioso!
¡muerde perro!
¡muerde hasta el final del hueso!
que tu dentada asuste a los hijos de puta que te quieren tirar
al precipicio
tritura atenaza rasga roe
a otros
para que sepan
que no serás presa fácil
que tus colmillos se bañarán con la sangre del primero
que no conozca tus andares.


Nota de Luis Alberto Angulo: El poeta Alejandro Cardozo, junto al poema que presentamos, escribe un correo desde el país Vasco diciendo: “Ayer -o anteayer- lanzaron a un perrito del tercer piso de un edificio de tu Universidad. Te adjunto un poema al respecto, a ver, si hay suerte, y le llega el viento del poema a la hez que lanzó al indefenso animal”. Debo contestarle que esa no es mi Universidad, nunca lo ha sido ni lo será jamás. Esa es quien niega la mía, la nuestra, la posible. La negadora, no solamente ha lanzado un perrito desde un tercer piso, en fecha reciente asesinó a balazos a una estudiante de último año de medicina. Otro estudiante de derecho (graduado en la Facultad de Educación) fue asesinado por un sicario mientras abría un pequeño negocio en la misma casa de estudios. Recuerdo también a otro estudiante asesinado mientras trataba de conciliar a dos grupos en pugna. No poeta, no es esa mi Universidad. Gracias por el poema y por estar atento pese a la distancia, usted pertenece a la mía.

Thursday, January 26, 2012

PASTICHE DE AFORISMOS SOBRE POÉTICA (2). José Carlos De Nóbrega


PASTICHE DE AFORISMOS SOBRE POÉTICA (2)
José Carlos De Nóbrega

Ilustración: Mujer sentada de Cristóbal Ruiz

6.- Un poema es absurdo: a los ojos, a los oídos, a la inteligencia. No al estómago donde residen las emociones, dice Aquilino, Reynaldo Pérez Só. El poema es una experiencia única e irrepetible, tanto en su escritura como en su generosa y sentida lectura. Su existencia no radica ni se justifica en el acercamiento escolástico de parte de despistados críticos y amargados profesores. Es texto que afecta maravillosa y terriblemente a otros libros vivos, los hombres, como bien lo dice Gracián en El Confesionario. Por eso el poeta nos recuerda que “La palabra es muy posterior en la construcción de un poema”, ello en una vindicación a la primera de sus instancias: el Poema-Vida que apunta a la transparencia de la expresión y no, mil veces no, a la construcción fútil de fachadas barrocas y abstrusas que tan sólo esconden ruinas y objetos estériles.

7.- El Mal introduce la sorpresa, la innovación en este mundo rutinario. Sin él, llegaríamos a la uniformidad, sucumbiríamos en la idiotez, José Antonio Ramos Sucre. ¿Acaso la Poesía tiene color? ¿Es moral o amoral? ¿Es blanca o negra? ¿La Poesía salva o extravía al hombre? De lo que si se puede estar seguro, en la precariedad de la lengua y el habla, es su actitud escurridiza ante la discusión y la polémica estériles. No presta su voz a homilías moralistas desde oxidados púlpitos, ni a discursos consolatorios que provengan de socialistas utópicos u organizaciones de caridad. Parafraseando a Eliot, cuando se aproximaba a la obra de Baudelaire, la poesía puede transformarse en una blasfemia u oración invertida que cante a la vida en las sucias calles pletóricas de prostitutas chupando en los rincones, cadáveres acuchillados y borrachos de cráneos aplastados por los caballos. Se detiene en la dulce orgía que se adueña de la belleza de los objetos en el mundo, sin importar su consistencia o tenor. Es oportuno un comentario de la poeta portuguesa Sophia de Mello Breyner Andresen: “La moral del poema no depende de ningún código, de ninguna ley, de ningún programa que le sea exterior, pero, porque es una realidad vivida, se integra en el tiempo vivido”. De ahí su intemporalidad, así simule ser un objeto apremiado por la entropía o la depreciación del tiempo histórico.

8.- En el poema el cuerpo es el espacio / y es el lastre, El Gallo Enrique Mujica. El aforismo sugiere que el poema es la contemplación y la autopsia de un cadáver exquisito, por supuesto, más allá de la escritura automática, bien sea la descubierta por André Breton o la vivenciada hasta los tuétanos por un tipo llamado Antonin Artaud.

9.- Quien no ve el mundo para perturbar, no merece respeto ni paciencia, René Char. El poema no es una insípida fotografía del entorno. Por el contrario, nos puede conmover en la plácida transparencia de un haiku o por medio de la increpación en la simulación de un código del escándalo, a la manera de las crudas letrillas satíricas de Quevedo. Antes que transformar el mundo, la Poesía procura una mirada sesgada e inédita de él. Fundada, eso sí, en la capacidad de asombro del hombre, atrofiada por el ruido y la prisa pecuniaria y consumista.

10.- La belleza del ánfora de barro pálido es tan evidente, tan cierta, que no puede ser descrita. Pero yo sé que la palabra belleza no es nada, sé que la belleza no existe en sí pero es apenas el rostro, la forma, la señal de una verdad de la cual ella no puede ser separada. No hablo de una belleza estética pero sí de una belleza poética. Sophia de Mello Breyner Andresen.